¿Te has preguntado alguna vez cómo la soledad puede influir en la salud de una persona mayor? No sólo hablamos de una sensación triste o pasajera, sino de un estado emocional profundo que puede tener consecuencias físicas y mentales reales. En T’acompanya, nos interesa explorar cómo la soledad —especialmente la no deseada— puede convertirse en un factor de riesgo para el bienestar de las personas mayores.

La sociedad actual, con su ritmo acelerado y la tendencia al individualismo, ha dejado a muchas personas mayores aisladas. La pérdida de amigos, familiares o el cambio de rol social después de la jubilación son algunas de las causas más frecuentes. Pero, más allá de la emoción, ¿qué nos dice la ciencia?

Varios estudios apuntan a que las personas mayores que viven en soledad —especialmente cuando ésta es no querida— presentan una mayor probabilidad de desarrollar problemas de salud mental. La ansiedad, la tristeza crónica y, sobre todo, la depresión, aparecen con mayor frecuencia en este colectivo.

Además, existe evidencia de que la soledad puede afectar a la memoria y la función cognitiva. Cuando una persona mayor no tiene con quien hablar o compartir pensamientos, su cerebro recibe menos estímulos. Esto puede favorecer el deterioro cognitivo e incrementar el riesgo de desarrollar enfermedades como la demencia o el alzhéimer. El cerebro, como cualquier otro órgano, necesita ejercicio y relaciones sociales para mantenerse activo y sano.

La salud física también sufre sus consecuencias

Es sorprendente saber que la soledad no sólo afecta a la mente, sino también al cuerpo. Investigaciones recientes señalan que las personas mayores que se sienten solas tienen mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial e incluso trastornos del sistema inmunitario.

Estas personas pueden mostrar un aumento de los niveles de cortisol, la llamada "hormona del estrés", lo que puede favorecer procesos inflamatorios y debilitar las defensas naturales del cuerpo. En la práctica, esto significa que pueden enfermar con mayor facilidad y recuperarse más lentamente.

Otro aspecto preocupante es la relación entre soledad y movilidad. Personas que se sienten solas suelen ser menos activas, salen menos de casa y practican menos ejercicio físico. Esto puede derivar en una pérdida de fuerza muscular, equilibrio y autonomía, creando un círculo vicioso de aislamiento y deterioro físico.

Soledad y riesgo de muerte prematura

Aunque todavía existen discrepancias en la comunidad científica, cada vez hay más consenso en que la soledad crónica puede incrementar el riesgo de muerte prematura. Algunos análisis comparan este riesgo con lo que supone fumar o tener obesidad. Esto no significa que estar solo te lleve directamente a la enfermedad oa la muerte, pero sí puede favorecer condiciones que, a largo plazo, acaban pasando factura.

Cabe decir que no todas las personas mayores que viven solas se sienten solas, y viceversa. La soledad no es sólo una cuestión de cantidad de compañía, sino de calidad en sus relaciones. Una persona puede tener contacto con otros pero sentirse profundamente desconectada e invisible.

¿Qué hacer como sociedad?

La buena noticia es que hay formas de prevenir y aliviar la soledad en las personas mayores:

  • Fomentar el contacto intergeneracional: Los programas que conectan jóvenes con personas mayores tienen beneficios para ambas partes. Ayudan a romper prejuicios y crear vínculos positivos.
  • Ofrecer espacios comunitarios activos: Talleres, clubes de lectura, caminatas en grupo o actividades culturales son una gran forma de favorecer la participación y la conexión.
  • Acompañamiento emocional y psicológico: No todas las personas pueden o quieren participar en grupos. En estos casos, un acompañamiento individual -emocional, social o terapéutico- puede marcar la diferencia.
  • Tecnología para conectar: Las videollamadas, aplicaciones amigables o grupos online pueden ayudar a mantener los vínculos familiares y sociales, especialmente cuando hay dificultades para salir de casa.
  • Actividad física y mental: Talleres, paseos o ejercicios de memoria para mantener el cuerpo y la mente en forma, hacen un cambio significativo.

Conclusión: la soledad importa, y mucho

La soledad no es sólo un sentimiento: es una condición que puede afectar profundamente a la salud de las personas mayores. No podemos permitir que sea ignorada o normalizada. En una sociedad que a menudo invisibiliza a la vejez, poner la mirada en sus emociones y bienestar es una forma de justicia y de cuidado colectivo.

En T’acompanya, trabajamos cada día para poner el acompañamiento en el centro. Porque creemos que nadie debería vivir su etapa final sintiéndose solo. Todos tenemos un papel en hacer que el envejecimiento sea digno, activo y, sobre todo, compartido.